viernes, 23 de octubre de 2009

poema nº 5.

Entrando en esa puerta gris vi tu rostro
era blanco como la luz de día
y transparente como ojos de virgen.

Tu pelo brillaba como el atardecer
tus piernas tan fuertes como montañas
reposaban en flores que adornan tus pies.

Tus brillantes colores iluminan mi negro
y los grises tenues que encierran mis ojos
se funden en fantasía cuando me dices te amo.

Gato acorazonado.

“Se trata todo de un ronroneo leve, de un hechizo bien hecho y de una eternidad juntos hasta el fin”


En un paisaje frondoso del este de irlanda, habitaba una bruja a la cual los campesinos del lugar llamaban Dorothea. Tenia ojos grandes como la luna, cabellos tan rizados que se confundían con lazos colgantes del cielo, y un cuerpo mágico, tan mágico, que la misma cenicienta vivía celosa de su belleza. Tenía alrededor de 19 años, una casa grande y un corazón que a los ojos de muchas personas había generado sorpresa. Su corazón estaba habitado por un gato negro. Este gato, era el encargado de secar sus lágrimas, alimentar sus sonrisas, tocar sus manos y besar su cuerpo. La gente que habitaba el lugar no podía comprender como este minino de grueso pelaje en su corazón podía permanecer. Así que decidieron un día al corazón de la bruja preguntar ¿por que en ese lugar había decidido para siempre ronronear? A lo cual, el negro gato de forma complaciente y sin titubear respondió sin vueltas dar: alguna vez fui como ustedes, también tenia manos y piernas, y me enamore de Dorothea cuando un humano aun era, no tenia dinero ni carruaje solo mi corazón de equipaje. A ella se lo entregue como prueba de mi amor, a lo cual ella, con inmenso amor en sus ojos me contesto: “ya no necesito mas mi corazón, con el tuyo viviremos siempre los dos”. Y desde ese día, en gato acorazonado me convertí, y mi vida y su vida para siempre entrelazadas entre si.